Gilgamesh y las imágenes mentales más allá de las murallas de Uruk (esbozo)

Aquel que todo lo ha visto hasta los confines del mundo….1

Figura de Gilgamesh, en el palacio de Sargon II (Museo del Louvre)

Arranca el poema de Gilgamesh con una imaginería de grandes horizontes que indirectamente insinúan o implican la pequeñez de lo físicamente existente por nosotros palpable: el mundo mayor es todo lo demás y más allá, y sería la divinidad la que nos lo hace accesible como episteme y algo que pueda conocerse—precisamente porque estructuralmente nos hace falta pues no suportamos el encierro sedentario que padecen nuestros cuerpos de forma mucho mas intensa que respecto a la experiencia nómada (esa que, en cambio, no precisa tanto de espacios metabólicos-simbólicos de grandes horizontes pues ya los atraviesa físicamente y como grupos).

Problema: la violencia es, sigue siendo, siempre será, en sí misma una forma de horizonte frente a la limitación corporal nuestra.

Mejor, entonces, que la vivenciemos y nos relacionemos con ella en forma metabólico-simbólica, esto es, ritualizada y como imágenes, y en imágenes narradas.

He aquí un argumento a favor de la importancia de las imágenes que dominan límbicamente la psique ascendida y, por ello podemos decir también la cultura en sí misma; argumento a relacionar, por tanto, con la tesis de Almudena Hernando2 en tanto que, si hemos de aceptar las diferencias entre los sexos como el fundamento de la identidad socializada evolutivamente original (pero no respecto un desarrollo cultural posterior), el hecho de que tanto los hombres como las mujeres echen mano de imágenes masculinas para participar de su propia semiótica cultural-epistémica, cuando narran y explican su propias coordinadas existenciales frente al mundo y como dicha autora hubiera observado en sus trabajos etnográficos de campo, apunta a la dominancia, en realidad, de las imágenes en sí misma.

Es decir: podemos explicar la fuerza de la violencia –y por tanto de la configuración patriarcal de las sociedades sedentarias—a través del flujo colectivo límbico en forma de imágenes. Son ellas las que aglutinan y articulan finalmente la cultura frente a la que intenta resistirse el desarrollo cortical-epistémico de la civilización, pero que de forma nunca decisiva pues el plano pictórico-límbico es una constante de la que asciende la consciencia cortical culturalmente universal (sujeta, naturalmente, por una idiosincrasia geográfica, cultural, generacional y memorística individual históricamente particulares).

La urgencia y relevancia límbicas que connota la imaginaría masculina para el sujeto homeostático -masculino o femenino, niño o adulto- sigue siendo, podríamos decir, la evolutivamente original que permanece como cimiento subyacente, no solo a la psique universal sino a la cultura misma y cuya contingencia y desarrollo particular solo llega a incidir en dicho fondo límbico, mas no lo puede definitivamente alterar.

Porque plásticamente, lo masculino moviliza sobre un plano límbico de forma mucho más contundente, y esto podría ser su función evolutiva original.

Y exactamente esto puede explicar el porqué del hecho de que los planos simbólicos de los grupos antropológicos sean manejados a través de estética masculina, como aquellos que se relacionan con los poderes cósmicos (el más allá, el “cielo” a donde van los ancestros); es decir, tanto hombres como mujeres son espoleados electronueroquímicamente por imágenes de fuerza e imposición pues esa es la fuente más profundo de seguridad física y que, en términos estéticos, transmiten de forma mucho más potente las masculinas, es decir como imágenes y el efecto que tiene sobre el perceptor.

De tal manera que cabe incluso considerar la neotenia que se observa respecto la especie humana desde un punto de visto de imágenes (eso de que estamos todo el rato dependentes visualmente) como un orden plástico de jerarquía y sentido límbicos que caracterizan lo no humano (animal) frente a lo humano; no en tanto conceptos ni en téminos metafísicos sino sobre un plano fisiológico correlativo donde más a gusto nos encontramos como seres homeostáticos gozantes.

Por todo ello y porque buena parte del orden cultural estaría ya configurado incluso antes del ascenso cognitivo cortical completo, pacería pues que el feminismo no ceja nunca por ello de iniciarse en cada vez nuevas oleadas de muy justo reclamo e interpelación a las sociedades contemporáneas.

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1 Parece que no está claro exactamente a quién se refieren estas palabras iniciales de la epopeya de Gilgamesh, pero el sentido divino después se releva en los versos siguientes como el fundamento real de la ciudad; Uruk en este caso pero es lícito extrapolarlo a la experiencia urbana universal, en tanto que “templo” que referencia las postulaciones divinas regidoras correspondientes a uno u otro orden sedentario histórico. Punto también en que se inicia especularmente la propia episteme humana, también de forma universal y revulsivamente frente a unos y otros contextos culturales históricos y propuestas divinos-causales.

2 La fantasía de la individualidad. Sobre la construcción socio-histórica del sujeto moderno. Katz, Buenos Aires 2012

Eje argumental respecto el vínculo entre la neotenia humana, la pertenencia socio-homeostática y las neuronas espejo

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Apuntes a partir de Homo imperfectus (2022) de María Martinón-Torres y ¿Cómo entender los humanos? (2022) de Pablo Rodríguez Palenzuela

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Esta imagen diacrónica la vamos a utilizar más bien dentro de un contexto sincrónico de la viabilidad antropológica ya sedentaria; y aunque se da por válida en su significado teórico respecto la evolución biológica nuestra, vamos a redirigir la imagen hacia otro planteamiento complementario que busca dar cuenta de la importancia de lo visual en la articulación de los grupos humanos en cuanto dispositivos de incorporación socio-homeostática.

Y lo que se presenta como estados sucesivos de neotenia en las facciones anatómicas, nosotros los vamos a trasladar a un plano exclusivamente sensorio con el fin de describir lo que es en esencia un proceso de definición estética, pero precisamente con cierto poder homeostático sobre el sujeto perceptor. De tal manera que se puede hablar de una fisiología éstética del bien dentro del grupo (esto es, la percepción mútua neoténica de los seres humanos entre sí) frente a una violencia asimismo estética de lo salvaje, feral, y anatómicamente agresivo que sería todo aquello que, al encontrarse más allá de la bondad socio-racional, sirve para reforzar precisamente la tensión vital inherente a lo civilizado en sí.

Es decir, se trataría de una estrategia también evolutiva, que bajo los dictados del modelo teórico «cerebro hambriento»1 busca incorporar al locus de pertenencia colectiva una estética de violencia, agresión y conflicto con efectos homeostáticos que obliga al mismo tiempo al sujeto perteneciente a su propia configuración moral y sociorracional; pero esto proceso de virtualización de la violencia se articula ahora a partir de la vivencia más fisiológica y metabólica que directamente corporal. Y, crucialmente, esto fuerza al establecimiento de un ámbito estético exogrupal de, precisamente, todo lo que se opone a lo cívico y a una ternura social mínima que, revulsivamente, aboca la unicidad colectiva del grupo de pertencia a su propio refuerzo.

Y si es cierto que la incorporación sociorracional del individuo homeostático sea el armazón de toda unicidad antropológica colectiva y cultural, este proceso parecería lógico que fuera pertrechándose en el tiempo de fuentes de estímulo como auténtico alimento o fuelle metabólico, pues toda consciencia humana empieza en los sentidos, a igual que la posibilidad moral-racional del sentido humano: a partir de este punto se podría considerar la neotenia en su vertiente sensorio-estética como, en efecto, un recurso adicional metabólico del que el cerebro humano (y sus sostén neuronal-homeostático) sacaría gran rentabilidad evolutiva.

Parecería también clave esta suerte de instrumento virtualizador respecto la experiencia sedentaria y definitivamente argraria, pues el cerebro hambriento, en su permanente busqueda del sustento sensoriometabólico, abocaría al plano cultural del hombre sedentario a la forja de cada vez más espacios semióticos por donde seguir ejercitándose en el quehacer antropológico base, esto del paso continuo y continuamente repetido de un estar homeostático prerreflexivo que se convierte en -o emerge hacia– el ser sociorracional.

Adicionalmente, por medio del concepto de las neuronas espejo parece posible plantear esta maniobra de virtualización (concretamente, de la posibilidad humana de lo moral en sí misma) que hubiera auspiciado el tiempo social evolutivo el cerebro hambriento humano. Pues una conceptualización de las neuronas espejo aplicada a la antroplogía estuctural permitiría defender una descorporeización del plano moral; que en tanto experiencia mental no física sino fisiológica, articula una especie de coerción icónica intima que, en efecto, se desprende de alguna manera de lo físico-material.

Pero lo crucial es la calidad especular que implica toda contemplación de eventos, narraciones e imágenes de contenido moralmente relevantes para el cuerpo socio-homeostático singular, pues el sujeto homeostático perteneciente está inexorablemente entrelazado -en digamos sus propios tejidos y neuroquímica- con toda relevancia sociomoral que perciba ante sí, tanto respecto una proxémica humana que se presencie, como en cuanto toda recreación simbólíca o plástico-mediática que se lea, se visione o de otra forma se experimiente y conusma.

Alimento sensorio como fuelle socio-homeostático dentro del tema general de la neotenia evolutiva humana; y la aplicación teórica de las nueronas espejo a la antroplogía estuctural…

(A desarrollar)

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Implicaciones del modelo Cerebro hambriento:

(trueque metabólico2 y demás argumentos evolucionarios esgrimidos por los autores)

-Alimento sensorio: que la neotenia humana puede entenderse en su vertiente sensoria respecto a la interactuación humana; en tanto una especie de estética anatómica de lo humano (frente a su estética contraria, claro)

-Las neuronas espejo puede entenderse dentro de este modelo de “cerebro hambriento” pues supone una forma de imbricación real pero de carácter sensorio-fisiológica de los cuerpos físicos co-pertenecientes.

-El modelo apunta a la necesidad de del despegue semiótico consustancial a la aparición y desarrollo de la antropología sedentaria (particularmente respecto la denisificacion moral inherente a la experiencia sedentaria, lo que implica una mayor intensidad sociorracional con la que ha de acarrear el individuo (por compensar de alguna manera por la falta movidlidad; lo que implica a su vez una mayor necesidad epístemica, y un mayor tener y sostener el sentido frente a lo simplemente dóxico (que se entiende más como un hacer sentido sobre todo a través de la experiencia corporal)

-Que al ampliarse el espacio fisiológico que aportaba el desarrollo simbólico-semiótico respecto los contextos sedentarios inmóviles, se llega a la conceptualización de una función mortificadora que ocupa la centralidad de lo sedentario al actuar de fuelle de la socio-homeostasis; y esto obliga a considerar un modelo de rección estructural a través del espectáculo de la suerte moral del prójimo. [el «juego sociohomeostático» de lo sedentario]

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1concepto que maneja Martinón-Torres en la obra citada.

2 Término o expresión también de la misma autora.

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