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¿Cómo puede la realidad hacerse ficción?

La experiencia humana de la impresión pudiera considerase total precisamente en el ámbito fisiológico-sensorial de la individualidad antropológica, respecto de un yo social que sin embargo tiene obstaculizado el sostén y soporte de lo socialmente congruente (esto es, de lo racional) y por medio del cual existiría una mayor posibilidad de librarse de su esencia corpórea vital, fisiológica y fisiosensorial.

-Es decir, la individualidad cultural más elevada no es sino mediante la síntesis racional de la experiencia fisiológica individual; pero la síntesis racional del existir nuestro en la impresión sensorial, es en verdad patrimonio de un contexto cultural que depende crucialmente de los pilares racionales (compartidos y por tanto socialmente congruentes) producidos por y disponibles gracias a la sociedad del momento real y vivo.

-Si por cualquier razón el momento histórico, universal y presente, no proporciona suficiente base socialmente congruente (esto es, racional) la individualidad fisiológica no puede valerse de ningún sostén socialmente disponible de su propia afirmación racional, puesto que la individualidad cultural es precisamente aquel terreno que cede el yo fisiológico y fisiosensorial a la imposición socialmente congruente del grupo humano.

-La individualidad social o cultural es la racionalidad grupal hecha fisiológicamente relevante y obligada por y para el individuo fisiocorpóreo particular; pero en ausencia de una racionalidad más elevada por cuanto más definida como modelo efectivamente disponible, el yo fisiocorpóreo se aísla en su propia sensorialidad fisiológica de raíz biológica y por tanto opróbicamente constituida, como su único -básicamente solitario-  cobijo.

-Y solitario en la realidad solo fisiológica de su propia naturaleza sociogenética, entre la multitud por decirlo así del rebaño del grupo humano pero sensorialmente absorto en el drama de la contingencia externo, el yo fisiocorpóreo se encuentra entonces impedido en su propia realización sociorracional, pues es el desafío de pertenencia real al grupo en tal contexto se ha simplificado y retrotraído al estado apenas solo fisiocorpóreo de equilibrio digamos geométrico, sobre el terreno físico-material y que habitan -y disputan- los cuerpos vivos.

El espacio estructural creado a partir del saber socialmente congruente (´la racionalidad´) es al mismo tiempo el espacio posible de la individualidad social, esto es, la individualidad antropológica en su vertiente socialmente real y comprensible, a partir de la cual se hace posible el sostenimiento tonificador que aporta el componente fisiológicamente sensorial pero estructuralmente más críptico. Y la individualidad social es, claro está, también aquel componente que vive efectivamente en la cultura, y que ejerce la mayor potestad posible de nuestra experiencia antropológica que es la síntesis racional de nuestro propia experiencia fisiológica y sensorial, y la función a la vez que razón mayor de la identidad individual de cada uno de nosotros.

Envueltos en el manto tonificador y reconfortante que es nuestra experiencia fisiológica, el peso para nosotros de la experiencia racional se difumina. La lengua y la fundación en realidad fisiocorpórea de la cultura, ambos de carácter en el fondo intensamente local, nos brindan nuevos niveles de seguridad en detrimento de la contemplación racional, si nuestra fondo fisiológico, sensorial y fisiocorpóreo pueden simplemente estimularse, estructurándose ya en meros pretextos de la congruencia social, que es ciertamente el núcleo real y verdadero de todo contexto cultural y universal, sea de carácter simplemente fisiológico, mitológico, religioso o racional-positivista.

Pero en la severidad de las contingencias adversas ante las que los grupos humanos pudieran verse sometidos por fuerzas mayores más allá de todo control y agencia verdaderamente efectivos, puede surgir de nuevo la fuerza de nuestra esencia fisiológica y socialmente genética, para incidir de nuevo sobre el espacio racional grupal, reduciéndolo a modo de un recurso y dispositivo de bunkerización como retraimiento a la matriz base del grupo humano fisiológico; y acorazado de alguna manera queda el grupo en su entidad viviente solo opróbica, hasta el retorno en un momento futuro de una nueva estabilización antropológica.

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