8. La naturaleza semiótica de la rutina físico-sensorial

La experiencia fisiológico-sensoria que se comprende como algo al que al final uno nunca puede evitar acostumbrarse, por muy difícil y arduo que sea, y que consideramos que puede llegar a ser también una forma de confort una vez precisamente que el individuo haya logrado acostumbrarse, deviene por tanto en experiencia semiótica por cuanto la sensación anticipada de confort (o la amenaza de que nos vaya a faltar) puede anticiparse (por tanto anhelarse o temerse) en el tiempo, lo que constituye una forma de profundidad temporal -a la manera de como anticipamos el efecto a partir de la observación de una causa determinada-. Esto constituye, por lo tanto, un ejemplo de cómo son los contextos fisiológicos que imponen una forma de definición sobre los seres vivos los caules, en su presencia física y a través del tiempo, dependen de esos mismos contextos (esto es, siguiendo la tesis base de la obra Sobre la agresión, de Konrad Lorenz).

 

Una lógica operativa:

Afición fisiológico-sensorial

Confort fisiológico-sensorial que proporciona la repetición

Anticipación, por tanto, semiótica, de ese confort o una temida pérdida del mismo como asimismo producto de la repetición.

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Consecuencia por implicación lógica es el aburrimiento respecto una necesidad de estímulo, esto máximo respecto de la manutención fisiológico-sensorial en el tiempo de los grupos humanos…O el aburrimiento considerado elemento residual respecto de la exigencia de estímulo de la que depende en realidad el grupo, dado que cuanto más estímulo recibido por parte de individuos en la compañía física inmediata de otros, tanto más necesidad tiene el grupo de una sociorracionalidad operativa y estructuralmente necesario para que el grupo no se acabe dispersando de forma definitiva, lo que finalmente implica un paradigma coercitivo de individualidad social al que, como tal, el individuo físico-sensorial tendrá que adherirse.  O sea: avidez de estímulo sensorial en el individuo debido en la evolución de la especie a la rentabilidad estructural del grupo IMPLICA susceptibilidad del individuo al aburrimiento en contextos de antropología sedentaria, en los que los grupos ya no se sustenten fisiosensorialmente a través de los individuos de la misma manera (y dado que, sin embargo, la sensorialidad humana permanece constante en el tiempo y sin evolucionar).

Se concibe, por tanto, como una forma de emergencia (‘aparición’) semiótica a partir de la experiencia fisiológico-sensoria repetida, con especial importancia de la sensorialidad individual respecto los grupos humanos y su paradoja central que es la supervivencia propia grupal, pero mediante la finitud de sus componentes fisiocorpóreos singulares; y específicamente como los grupos se acorazan como colectivos en el tiempo, pero mediante el estimulo sensorial-fisiológico individual.

 

Análisis continuado:

-Hedonismo fisiocorpóreo nuestro del organismo vivo…

-Afición fisiosensorial y la repetición de la experiencia sensorial…

-Esto, en el contexto del grupo, fuerza recurso natural y necesario al orden (la sociorracionalidad)

 

Pero cada uno de estos elementos, extrapolado del conjunto, también puede darse de forma independiente a pesar de los cambios históricos a partir de la agricultura y puesto que la selección natural no puede darse de la misma manera (lo que supone que la constitución fisiológico-sensoria del hombre es, ahora, un constante a través del tiempo). Pero parece claro que el punto central es el grupo en sí mismo, como verdadero vector de la supervivencia humana en el tiempo y al que todos los demás puntos se subordinan funcionalmente. Y, sin embargo, es el grupo que determina -de forma coercitiva, sin duda- aquello que somos de forma no directa, pero que, no obstante, constituye una forma en cierto sentido infundada de comprensión racional, puesto que es una racionalidad producto de una sustancia previa solo fisiológico-corpórea que solo en la interactuación colectiva y espacial se consolida como tal. Y, sin embargo, es evidente desde la observación visual que somos cada uno de nosotros y por separado una singularidad física, aunque ciertamente es la sociorracionalidad de alguna manera subyacente lo que nos permite formular esta otra racionalidad más empírica a la vez que cegada en cierto sentido a su propio fundamento opróbico subyacente.

O sea, una racionalidad que en sí misma no tiene fundamento racional puesto que es producto de la experiencia fisiosensorial previa…Aunque también es cierto que la experiencia sensorial se articula en torna del entramado lógico de causa y efecto, que es de por sí una forma base de sentido.

-La avidez del estimulo sensorial que nos parece inherente a cada uno de nosotros, en vista de cómo los grupos humanos se articulan en el tiempo y el espacio en torno a la sensorialidad de los individuos que los componen, pudiera considerarse, por tanto, lógicamente implicada, a igual que el aburrimiento, por razones simplemente técnicos-estructurales.

 

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