10. La sociorracionalidad como «error»

…Principio vital para la imagen del Espejo de la naturaleza. Es la imagen según la cual la “apariencia” no es simplemente una creencia eqivocada sino la creencia equivocada engendrada por un mecanismo particular…(Richard Rorty,  Filosofía espejo de la naturaleza)

Puede muy bien constiutir la ilusión que es en realidad toda moralidad, respecto de un grupo humano y cómo el indiviudo logra mantenerse entre ellos, los demás. Es decir, todo grupo humano en el autodotarse de una sociorracionalidad (fisiocorpórea y después lingüística) está por decirlo así cometiendo un error si se analizara desde una óptica estrictamente empírica, pues la realidad objetiva del todo desnudada, es la del individuo aislado en su propia fisiología sensorial que es, no hace falta decirlo, una realidad condenada históricamente a la aniquilación puesto que sí que es un hecho indiscutible que solo los grupos humanos han sobrevido históricamente más allá incluso (y necesariamente) de la vida individual de los componentes singulares. O sea, ésa es la gran ilusión de la experiencia humana -al menos en el plano histórico- que es la singularidad humana, puesto que esa singularidad solo puede perdurar un poco más y dentro de su propia longevidad biológica si y solo si se integra fisio opróbicamente dentro de un grupo humano; es decir, que la realidad objetiva desmontada del todo en su origen inicial, no es más que la anatomía del individuo, los distintos orificios corporales y una sensorialidad, nada más. Pero los grupos humanos siempre y universalmente se han dado a sí mismos una congruencia colectiva para precisamente inocularse contra la realidad así al desnudo, que es simplemente la experiencia fragmentaria del individuo en la pobreza de lo que constituye la desolación de la soledad, ésa experiencia extrema y como maldición que la cultura naturalmente siempre intenta enterrar debajo de la tonificación fisiológico-sensoria de lo ritual, el saber narrativo comunitario, lo simbólico y distintas formas de dramatización opróbico-moral, todo ello basado en la presencia del otro y en la existencia de una comunidad. Porque es solo en la presencia de los demás que precisamos nuestro propio ser social y la personalidad por la que efectivamente nos conocen, y por la que nos auto-identificamos nosotros mismos, irremdiablemete.

¿Pero en el aislamiento extremo y prolongado, qué necesidad tengo del ser mío social que es, ciertamente, mi yo finalmente racional (o la parte más importante del mismo)?

Como una variante más, entonces, de la idea de la cultura como lujo, la capacidad de arropar la realidad espacial para esconder toda su dureza queda emparentada con el fin técnico de toda sociorracionaldiad, que es el de combinar la intensidad sensorial con la preservación del grupo, sin que éste se disperse. Porque la congruencia colectiva que se hace sociorracional, es solo posible como producto del ímpetu fisiológico individual que queda así opróbicamente encauzado debido a la presencia de los demás; y lo racional, entonces, lo es en base siempre a otro elemento críptico de carácter fisiológico (que es por ejemplo la anatomía particular que se viste; y también los arropamientos culturales más importantes respeto a los impulsos y la violencia individual). Pero esta entidad bipartida resultante permanece en un estado de cierta desconexión entre las partes de ahí en adelante, respecto el plano racional del la cultura y ese mismo caudal fisiológico subyacente que lo fundamenta.

Pero claro, a partir de ahí otras formas de racionalidad se van elaborando históricamente al calor de nuevas lógicas que van surgiendo a su vez, y la ciencia, en algún momento, impone un criterio de verdad en forma de la penetración de la realidad observable que, desde cierto ángulo de comprensión, resulta todo lo contrario de la urgencia original y antropológica de toda sociorracionaldiad. Pues en el plano estructural de los grupos humanos siempre se ha buscado el mantenimiento de la tonificación fisiológico-sensorial en el tiempo antropólogo, en suspensión como si dijéramos, que es poco compatible al final con las verdades inapelables y demasiado contundentes; aunque la actividad empírica -la científica y también la cultural- por cuanto ocupación en el tiempo colectivo de la fisiología humana, y como quehacer vigorizado que solo busca eso que es esencialmente su propio sustento entretenido en el tiempo, sin la posibilidad real de interrumpir ni alterar dramáticamente el equilibrio así logrado y mantenido entre la tonificación sensorial por una parte, y el orden estable de una verdadera complacencia vital-antropológica, no se puede nunca desdeñar.

Pero, ¿hemos sido técnicamente conscientes alguna vez de la necesidad real que tenemos de esconder el hecho de que sobrevivimos en realidad suspendidos en una especie de ensueño fisiológico de grandes esfuerzos y seriedad que, crucialmente, no debe alcanzar nunca alguna de las metas que se propone, en realidad como actitud vital nada más y por mor de nuestra propia supervivencia antropológico-estructural? Pero una conciencia así, en caso de existir alguna vez realmente, solo pudiera tildarse de filosofía, nada más y como mucho (y eso seguramente bien lejos de cualquier centro real de poder de decisión técnica).

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