Más allá de hasta donde podía llegar Heidegger en su pregunta por la técnica

Me decía en alguna ocasión alguna IA (no recuerdo cuál):

…..### 5. **Ética y Moralidad**

Las creencias en lo divino a menudo proporcionan un marco ético y moral que guía el comportamiento humano. Las enseñanzas religiosas pueden ofrecer principios sobre cómo vivir de manera justa y compasiva, lo que puede contribuir al bienestar individual y colectivo...

I

Es decir, se ofrece, al ingresar una nueva generación en el escenario de todo locus homeostático universal particular, un marco semiótico culturalmente determinado con el que el sujeto homeostático comenzará a imbricarse electro y neuroquímicamente y a lo largo de su desarrollo psico-vital. La inmanencia, entonces, se aprende uno y una a sujetar por la racionalidad cultural vigente que, en función de también de la memorística individual, obliga al propio sujeto a recrearse como tal a través de su propia psique límbico-cortical.

Mecánica sociohomoestática interno al individuo psíquico

Vigencia límbica (estructuras filogenéticamente heredadas)

Vigencia memorística como ontogenia individual

Ímpetu homeostático individual frente a su propia autoimagen/reflejo social.

El otro; es decir, los demás, los nuestros antropológicos

II

Marco Apolíneo-dionisiaco: (trascendente/inmanente)

Un entorno, entonces, de carácter fisiológico-semiótico que replica de alguna manera el proceso límbico-cortical que articula nuestra cognición acomodándolo a un entorno sedentario.

Es decir, vivimos y nos imaginamos (somos) según, en realidad, la trascendencia que es todo orden colectivo, intersubjetivo y ontológico –se entienda y se justifique dicha organización cultural de la manera que sea; que es decir también que dependemos de un cierto espejismo apolíneo.

Pero al ser, debido a la configuración socio-homeostática de nuestra cognición que se sujeta por una dinámica límbico-cortical, no lo ocupan realmente nuestros cuerpos sino su constancia es mucho más electro y neuroquímico que físico; el estar, en cambio, eso sí que es corporal, homeostático y visceral.

Luego, el estar es inmanente y dionisiaco mas nunca completamente ascendido (pues una vez bien implantado y corticalmente materializado, ahí en ese punto, se inicia el ser que es decir la consciencia autobiográfica capaz de reflexionar sobre las cosas y sobre sí misma).

Cabe, pues, entender que lo límbico deviene en alimento para una sucesiva reconstitución (ascenso) cortical, y que lo inmanente es fuel para la trascendencia. Y también que el poder apolíneo del orden societal depende de -es en realidad subalterno respecto a- los apenas previsibles vaivenes dionisiacos por venir.

Una opacidad al centro de nuestra cognición que hace difícil entender solo en términos apolíneos (es decir racionales) esta críptica pero verdadera supremacía dionisiaca; es decir, solo por medio de metafísicas divinas ha sido posible para nosotros aproximarnos a esta complejidad que mejor resolvemos vivenciándola que en su aprehensión conceptual.

Seguía diciendo la misma IA:

La idea de que la conexión divina puede ser vista como un trampantojo en la percepción del yo es una reflexión profunda que toca aspectos de la psicología, la filosofía y la sociología. Este concepto sugiere que la búsqueda de lo divino y la construcción de significados pueden ser, en parte, intentos de lidiar con la complejidad y la opacidad de la experiencia humana...

Siempre, es decir desde una óptica antropológica, para vivirla más que para comprenderla, si bien las metafísicas divinas parecen ser también puntos de inicio para una y otra episteme cultural, lo que tiene gran importancia estructural para la viabilidad sedentaria.

Punto a partir del cual puede entenderse que es inevitable un eventual desarrollo empírico científico en toda regla, pues la condición sedentaria parecería imponer esta urgencia de espacios fisiológicos (electro neuroquímicos) incruentos para seguir ejercitándonos en nuestra propia imposición vital; pero, en realidad, solo falsamente en preparación para la guerra como pretexto colectivo, pues el valor totémico respecto futuros conflictos violentos intergrupales anticipados es, ha sido siempre, claramente más importante para la viabilidad de los espacios sedentarios históricos que la materialización real de la guerra.

Aunque eso también, claro está.

¿Sería por tanto inevitable el problema de la tecnología desbocada? Es decir, se habría llegado una comprensión de la verdadera calidad de defectiva en la evolución sociobiológica humana pues su decurso es siempre el desarrollo de su propia destrucción suicida; que esto lo conocemos como efectivamente un hecho histórico según una trayectoria a partir de la Edad media europea, pero que se hubiera podido producir vía cualquier otro desarrollo histórico que hubiera podido darse, respecto de una u otras culturas, siendo siempre el mismo destino inexorable.

Razón tenía Heidegger en que una respuesta parcial estuviera en el arte; esto respecto sobre todo las imágenes en general y su muy real vigencia moral como medio, sin embargo, no corporal sino fisiológico-metabólico. De hecho, la antropología histórica universal se ha auxiliado precisamente así para abrir y mantener nuevos espacios de imposición vital (“simbólicos” decís algunos) no cruentos pero sí de  gran enjundia digamos fisiológica a disposición de los sujetos homeostáticos presos, podríamos decir, del marco inmóvil de su propia estabilidad colectiva sedentaria.

Donde falló el autor, sin embargo, era entender que con solo una voluntad ético-filosófica la condición humana sería capaz de salvaguardar su propia continuidad colectiva como especie en el tiempo (pues ya definitivamente podemos entender que no bastó).

Aunque, si bien se entiende que el Sr Heidegger fuera el intelectual probablemente menos indicado, respecto de aquel momento histórico poco después de la SGM, para proponer alguna forma de control rector y planetario sobre nuestra misma condición político-biológica (debido a  su pasado tibiamente nazi), solo en eso hubiera radicado una mayor coherencia.

(Eso que, por cierto, abogaría precisamente décadas después aquel matemático loco de los paquetes bomba respecto al desarrollo de la manipulación genética)

No cabe mayor ironía –deliciosa sería un adjetivo calificativo que aplicarían algunos- que entender nosotros ahora que en el momento de plasmar y publicar su texto Heidegger, ya hubiera estado funcionando una forma de rección antropológica no por él conocido (ni por casi nadie) que ya hubiera supuesto una solución definitiva y el fin por completo y tajante de todo el dilema en sí.

Pero aún siendo esto verdad, el que no podamos entender que ya para entonces todo hubiera estado “bajo control” sería la otra vertiente real de esta cuestión.

Es decir, casi llegamos, a punto estábamos, de la superación definitiva de la cuestión…

(Pero no)

Después, más tarde en la vida del autor y en una entrevista más informal, afirmaría -por lo visto- que lo que verdaderamente necesitaba el hombre era un dios (se sobreentiende que quiso probablemente decir ‘real’).

Pues en eso tampoco se equivocaba.