
¿Por qué tan importante Filipense 4:8 como cuestión antropológica?
Porque de ello depende la intersubjetividad, pues la verdad como constructo colectivo vincula a los sujetos homeostáticos pertenecientes por medio de su propio aparato psíquico individual, a partir del perspectivismo del discernimiento de cada uno y ante la presión que vivenciamos, además, de entender cabal y responsablemente lo que vemos (respecto del carácter realista de nuestras inferencias y en la anticipación de cómo serán acogidas después por los nuestros cuando se las fuéramos a comunicar).
Porque quedar como un idiota es para nosotros como sujetos homeostáticos antropológicos, un problema, en tanto que supone de inmediato nuestra súbita extirpación digamos de entre los nuestros, o así lo tememos en la a veces angustiosa intimidad de nuestro secreto drama electro y neuroendocrino particular, en anticipación del siempre siniestro qué dirán.
Fijémonos, además, en cierta sofisticación diríamos hoy «neurocientífica» que muestra el texto en tanto que el discernimiento intelectual no se separa del hecho afectivo de las cosas, pues el tener razón no siempre implica beneficio para el grupo si se trata de un conocimiento que desborda de alguna manera al mismo; o eso es a lo que el mismo texto parece apuntar en tanto que lo monstruoso, desmedido y perturbador detrae sustancia a la verdad misma puesto que impacta negativamente sobre la cohesión colectiva.
O en las circunstancias más extremas, si la verdad es demasiado abrumadora como hecho, no puede y no debe entenderse como tal desde la óptica de la continuidad del grupo en el tiempo, pues los cuerpos en sus rumbos límbicos particulares a la vez que colectivamente maridados, han de acomodarse siempre a cierta espacialidad real, y aunque solo exista sobre un plano abstracto; pero los cuerpos no pueden habitar en ningún caso el espanto en cualquier forma y grado que este adopte (si bien de ello como alimento sí que hacen uso puntual).
Comprender en este sentido antropológico lo real tiene pues su fondo estrctrual –hasta podemos decir geométrico—del que probablemente debamos entender nuestra propia pisque individual como apéndice de alguna manera.
Es curioso, en fin, que no ha sido hasta hace poco que la cultura positivista contemporánea haya podido entender más cabalmente esta cita bíblica de sabiduría tan antigua al mismo tiempo que perenne.
«Terapia somática» es, por ejemplo, uno de los términos o conceptos actuales que hoy le pueden decir; me refiero a la idea en general de la escisión límbico-cortical que es la base en ultima instancia no solo la psique sino, en realidad, de la antropología sedentaria en el tiempo.
Ya era hora de que esto empezara a entrar en la cultura como idea ya técnica y no solo como realidad estética o «mística» o «espiritual».
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