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Mecanismos de compensación fisiosemiótica de los que dependen los contextos antropológicos sedentarios.

 

 

…893

Siempre las almas grandas,

queriéndose onrrar,

fazen en sus demandas

a los cuerpos lazrar:

 

897

por conplir sus talantes,

non los dexan folgar;

fázenlos viandantes

de logar en logar…

(Sem Tob Glosas de Sabiduría o proverbios morales y otras rimas)

 

Inferencia:

Los seres humanos sedentarios viven en su proyección fisiológica respecto entidades lógicos-conceptuales de una forma críptica (esto es, no racionalmente comprendida) en contra de las circunstancias geográficas básicamente fijas de los contextos sedentarios, lo que viene a constituir asimismo una forma de acomodación de la fisiosensorialidad base nuestra, de origen socio-genético y pre-agrario, al contexto históricamente posterior de asentamientos humanos agrícolas.

 

http://www.letraslibres.com/mexico/revista/sacrificio-humano-mito-y-poder-entre-los-mexicas 

Los sacrificios humanos de los pueblos del Mexico antiguo (y tal como plantea Guilhem Oliver, 31enero 2010) pueden conceptualizarse igualmente como una forma de vivificar fisiosensonsorialmente la experiencia sedentaria y agrícola mediante un estímulo contemplativo empero estructuralmente sostenible, en sustitución de otras formas de violencia desbocada y más peligrosa a una mayor escala demográfica. En este caso, las lógicas religiosas que describe Oliver permiten social y funcionalmente tal tonificación fisiosensorial en cuanto presentación socialmente congruente -a disposición por tanto de la individualidad antropológica como lógica culturalmente racional-, pero que surte sobre todo un efecto de satisfacción y sustento de la necesidad de ejercicio fisiológicamente sensorial de nuestra propia naturaleza físico-evolutiva, y que la congruencia social histórica ignora completamente, claro está.

Con lo que la congruencia social en cuanto lógica religiosa enmascara una función más profunda y de otro nivel o plano, que es el sostenimiento de la integridad grupal precisamente en la tonificación fisiológica individual, empero de una forma estructuralmente sostenible y que, como lógica colectivamente comprendida, puede solo considerarse un pretexto subordinado a un fin, en realidad, técnico-estructural.

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(Véase Elias Canetti y su capitulo sobre los cazadores de cabezas humanas que son también básicamente sedentarios, aunque no muestran una agricultura comparable con los mexicas, que articulan la existencia del grupo en torno a los fetiches y las ceremonias que tienen que ver con ellos (los cráneos humanos del enemigo tratados y empequeñecidos); que mientras sustituye la vivificación misma de la guerra frente a sus enemigos (cosa estructuralmente importante) es también y en sí mismo una forma de reafirmación participativa y fisiosenorial del grupo mediante la tonificación individual. Lo que implica que mientras la guerra es crucial para la vida e identidad del grupo, se ha desarrollado otra actividad fisiológica que sirve el mismo fin. Y esto muy parecido a los patos, dicho sea de paso, de Konrad Lorenz, quien postula un verdadero sustento fisiológico que obtienen los animales a partir la experiencia social vigorizada de sus propios contextos fisiológicos intra-grupales y ritualizados; una excitación que experimentan las aves que crea una dependencia fisiológica-física después y a lo largo de sus vidas individuales, y  que el autor afirma que se aproxima en mucho a una forma de identidad, aunque no exactamente cognitiva…)

 

El Cristianismo

Si lo abordamos desde el mismo argumento de un plano estructural de preservación del grupo, frente a la fisiosensorialidad individual producto de la evolución humana previa a la agricultura, el cristianismo puede describirse en su conjunto como un cuerpo de  premisas lógicas y socialmente congruentes cuyo principal fin y meta es mantener al centro del edificio cultural la realidad física del ser y del estar humanos, que de nuevo se enmascara bajo distintas lógicas y dicotomías que solo en apariencia pudieran considerarse que se desdicen de este fin técnico ya mencionado:

Pues el cristianismo incorpora a su seno la individualidad fisiocorpórea mediante el dilema moral y en el abrazar individual de la fe, que asienta todo lo que sigue en cuanto elaboración cultural sobre una base aparente de libertad al menos fisiológica; libertad que es solo posible, claro está, como definición y límite pero que como mecanismo funda toda su efectividad en el arrojo fisiológico individual, y nunca de ningún otro fuente u origen.

Y la limitación fisiológica, que es conceptual y por tanto socialmente congruente-esto es, disponible de nuevo para la individualidad antropológica-no lo es jamás en contra de esta misma realidad fisiocorporal humana, aunque para ello necesariamente ha de postular varios principios conceptuales, siendo la más importante el perdón como basamento de esta gran artimaña antropológica que busca conciliar los dos planos de los grupos humanos, la fisiológica individual, junto con -al mismo tiempo que frente a- la circunstancias socio-genéticas inexorables de nuestra existir únicamente factible en grupos.

Pero entre tal arsenal conceptual respecto la congruencia social cristiana está quizá al más asombroso instrumento histórico de reconciliación estructural antropológica, entre la fisosensorialidad nuestra individual, viva y palpitante de un perenne presente, frente al hecho incuestionable del grupo, que es la presentación fisioestética y conceptual que hace el cristianismo del autocontrol personal y el no responder a la violencia con violencia como una forma de poder individual, que no debilidad.

 

La síntesis después fisiorracional

La necesidad técnica de recurrir a pautas sociofisiológicas, repetidas en el tiempo y que después se fijan de forma socialmente congruente, con el fin de tonificar la fisiosensorialidad individual a la vez que lograr mantener intacto el grupo (a modo de un atrezzo fisiosemiótico colectivo), desemboca asimismo en la creación de nuevos contextos antropológicos estables que necesitan a su vez estimularse posteriormente y hacia nuevos, sucesivos estados de equilibrio logrado;

Porque todo estado fisiosemiótico colectivo de una congruencia social lograda, es también una identidad ya hecha que precisamente a partir de sí misma está como siempre fisosensorialmente empujada hacia nuevas posibilidades de tonificación y reforzamiento de su propio equilibrio estructural-antropológico: porque en el perenne asalto fisiosensorial a la congruencia social está la razón de ser de esa misma congruencia racional-social.

Aunque con el tiempo la capacidad de síntesis lógico-conceptual a partir de identidades socio-fisiológicas definidas naturalmente retiene lo que anteriormente le ha ido constituyendo. Esto es, que la conciencia de ser según los patrones sociofisiológicos ya establecidos es precisamente aquello que busca a su vez su propia tonificación fisosensorial en el presente vivo, lo que establece un camino inexorable de evolución antropológica, o cultural a secas, y partir de un presente solo consciente de sí en cierto sentido como alusión bastante ambigua a un supuesto pasado; un pasado en cualquier caso que siempre es para los seres humanos alguna forma de narración lógica respecto de lo que en realidad había sido un estado colectivo de impresión sensorial a través del tiempo, ahora perdida para siempre excepto en la forma siempre indirecta de una versión lógico-conceptual que se ha ido transmitiendo de generación en generación, aunque en ningún caso jamás la realidad sociogenética fisosensorialmente viva y colectiva que precisara alguna vez de esa congruencia lógica, o una versión bastante aproximada a la que llegó a las generaciones siguientes.

Y se puede decir, por tanto, que solo ilusoriamente viven las generaciones presentes en cualquier momento histórico respecto de lo que les había antecedido, pues mucho más importante es el empuje de cualquier sensorialidad viva que, solo para sujetarse social y colectivamente a través del tiempo, está convencida fisiorracionalmente y en su propia semiótica grupal, de lo que cree que es; y mientras, el verdadero arrojo vital nuestro tiene que ver más con el ser en la impresión de nuestros propios sentidos, que con cualquier otro objetividad física.

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Canetti, Elias: Masse und Macht

Lorenz, Konrad: On Agression

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