El yo fisiológico de los grupos humanos sedentarios

El origen somatosensorial del yo social emergente (o un estar que solo en el emerger se hace ser)

Esto es, un yo social que no es en rigor físico sino solo en un sentido auxiliar, siendo el yo social (y opróbicamente forjado a lo largo de una vida corporal singular) en realidad un yo más fisiológico que físico, puesto que los grupos humanos han de forzar la postergación en cierto sentido de lo particular (sin que sea esto en exceso) en pos de una consolidación más fisiológica como cauce para múltiples seres físicos diferentes. Y es que lo más significativamente fundado de la experiencia humana, la que en rigor significa por cuanto susceptible de entenderse y no solo experimentarse, proviene en realidad de un ámbito un tanto nebuloso de la fisiología opróbica y cultural -o sea, la sociorracionalidad y su semiótica- que, para erigirse como tal, ha de extrapolarse del mundo físico y corporal. Y esto es así porque en rigor aquello que pueda sopesarse como significativo solo puede serlo bajo el enfoque de una semiótica que por definición se aleja en seguida y siempre de lo puramente idiosincrático: el significar es algo así como la quintaesencia de lo comunal y que lo es, por tanto, también de lo incorpóreo (necesariamente); pero accedemos a la cultura, y en efecto a nuestro yo sociorracional, si bien no en cuerpo, sí en forma desde luego fisiológica. Y así, nuestro yo racional en todo su plúmbea entidad cultural (por tanto ético, por tanto racional y capaz ciertamente de significarse por y para un universal social potencial de múltiples individuos, en múltiples lugares y, finalmente, tiempos diferentes), consta no obstante, de una efímera entidad mayormente fisiológica. Pero, como desde un punto de vista racional -esto es, desde el yo sociorracional ya descorporeizado– hablar de lo humano sin poder dar por sentado la existencia del cuerpo físico es simple y llanamente inconcebible, se pierde esta matiz en una quizá necesaria si bien equivocada confusión entre eso que siempre hemos conocido como cuerpo y mente. Dicha confusión es exactamente eso sobre el que teorizó Agamben, por ejemplo, en Homo Sacer; lo mismo Freud en tanto el concepto de  un malestar cultural, o Spengler respecto el desfase entre las ideas en las que vive el hombre civilizado (sobre todo urbano) y nuestra esencia fisiológico-corporal que, al parecer, no siempre nos puede seguir los pasos de la proyección fisiosemiótica en la que vivimos y que fundamenta el mundo contemporáneo en su desplazamiento alocado hacia el futuro…

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