Un viaje hacia la antropología agraria

Algunas inferencias a partir de las diferencias entre “bárbaros” y civilizados, según M. León Portilla en Culturas en peligro (Ed. Alianza Mexicana, 1976)

(Cáp.2.Transformación sin perdida de identidad: La aculturación de los Chichimecas de Xólotl (XIII-XIV D.C.)

lku

El autor centra esta sección de su trabajo en una serie de códices pintados en el siglo XIV que pueden considerarse procedentes directamente y sin mediación del mundo indio prehispánico del territorio posteriormente conocido como México (o más concretamente la region central del México prehispánico). Constan tanto de texto escrito como de imágenes; en algunos casos, son copias de documentos anteriores hoy desaparecidos. El argumento base de todos ellos es, por lo visto y según nos plantea el autor, la épica de cómo el pueblo originalmente nomáda conocido como los Chichimecos se elevó culturalmente a partir de su conquista del terreno donde poco antes su hubiera asentado la civilización plenamente sedentaria de los Xólotl (civilización de base agraria que ya había entrado en decadencia). Y para el autor es importante el hecho de que los supervivientes Xóltol que aun permanecían disperados por la zona, fueron los que enseñaron a sus captores-ocupantes de facto del terreno. Es decir, se trata de la narrativa épica de una suerte de emulación cultural de parte del fuerte (porque los Chichimecas efectivamente controlaban el espacio físico-geográfico) respecto al débil a quien, no obstante, los mismos ocupantes consideraban culturalmente superior.

Pero como se trata, en efecto, del paso de una existencia nómada a otra ya plenamente sedentaria (en eso consiste la épica Chichimeca, algo así como la celebración de la vida sedentaria y su llegada a ella), quisiera yo resaltar las diferencias que, entre las dos formas de experiencia antropológica, hace hincapié el autor. Pues en los mismos códices están muchas claves en este sentido que León-Portilla va citando y que aquí quisiera yo comentar.

Los toltecas eran sabios,

se decían que eran artistas de las plumas,

del arte de pegarlas…

Esto era su herencia

gracias a la cual se concedían las insignias.

Las hacían maravillosas…

En verdad ponían en ellas su corazón endiosado…

Lo que hacían era maravilloso,

precioso, digno de aprecio.

Los toltecas eran sabios,

dialogaban con su propio corazón,

dieron principio a la cuenta del año,

a la cuenta de los días y los destinos…

Los toltecas eran sabios,

tenían conocimiento experimental de las estrellas

que están en el cielo;

conocían su influjo.

Sabían bien cómo marcha el cielo,

cómo da vueltas, esto lo veían en las estrellas…

Eran cuidadosos de las cosas divinas,

solo un dios tenían,

lo tenían por único dios,

lo invocaban,

le hacían suplicas,

su nombre era Quetzalcóatl…

Muchas casas había en Tula,

allí enterraron muchas cosas toltecas.

Pero no solo esto se ve allí

como huella de los toltecas;

también sus pirámides, sus montículos,

allí donde se dice Tula-Xicocotitlan.

Por todas partes se ven restos de vasijas de barro,

de sus tazones, de sus figuras,

de sus muñecos, de sus figurillas,

de sus brazaletes;

por todas partes están sus vestigios:

en verdad allí estuvieron viviendo juntos los toltecas…

Pasaje citado por León-Portilla del Códice Matritense Sahagún; los subrayados son míos.

A modo de primer cotejo, si aquí se está enumerando rasgos importantes de lo vida sedentaria es, efectivamente, desde la óptica de los que en principio no pertencían a esa forma de vida (de allí la fuerte carga de emotividad de la descripción casi nostálgica). En síntesis, podemos resaltar las siguientes inferencias a partir de las secciones por mí subrayadas de la cita que hace orginalmente León-Portilla de códice arriba mencionado.

1.Los objetos (aquí las plumas) pueden adquirir una importancia totémica para los seres humanos para así consitituir, efectivamente, nuevos espacios de imposición individual, pero sobre un plano en realidad más de naturaleza fisiológico-semiótica que física. Se trata de un espacio que, siendo de carácter semiótico, se funda sobre una relevancia o obligatoriedad opróbica a partir de la colectividad y su sujeción sociorracional de los individuos (aquello que establece, en este caso, el significado y valor de las insignias).

2ponían en ellas su corazón endiosado: Pues parecería que esta capacidad de encandilamiento artístico  -cómo artimaña o técnica en general de intensa vivificación fisiológica- fuera quizá atributo técnica perentoria de este digamos nuevo mundo que, en este punto de la narrativa épica (del paso chichimeco del nomadismo a la vida agraria), solo se vislumbra, apenas se barrunta.

3diologaban con su propia corazón : En efecto, por circunstancias ahora técnicas es necesario desarrollar una, digamos, densidad mayor de personalidad sociomoral, valiéndose asimismo de la aparición de espacios semióticos más amplios; dicha profundización sociomoral de la pisque indiviudal echa mano, es de suponer, de los recursos fisiológicos subyacentes e inherentes a todos nosotros, lo que constituye una visión que aquí sostengo pretendidamente técnica de, simplmente, nuestra capacidad (opróbica) de sentir culpa.

4.dieron principio a la cuenta del año / a la cuenta de los días: El desarrollo semiótico de paradigmas de significado (los números como series, los días de la semana también como serie, o las estaciones, etc.) supone la argamasa efectiva respecto de los espacios fisiológico-simbólicos más amplios de que dependen las antropologías de base agraria, espacios que devienen en, simplemente, recurso más fisiológico que físico para la imposición personal de unos seres humanos que se relacionan con lo corporal de otra manera nueva.

5.sabían la marcha del cielo / esto lo veían en las estrellas: Como si de un espejo se tratara, se han situado siempre las culturas sedentarias frente a la regularidad sideral, de una forma mucho más intensa que los gentes nómadas, no solamente porque los sedentarios desarrollan el tiempo y la capacidad de poder hacerlo, sino en realidad porque les apremiaba la urgente necesidad de ello, como otro espacio fisiológico-totémico más, frente a los limítes físicos de la vida agraria esencialmente inmóvil. Y así, a partir del orden que observaban en los cielos, volvieron sobre sí -parece que es así en todos los casos históricos- la misma indagación respecto de un sentido posible como orden finalmente humano.

6….eran cuidadosa con las cosas divinas/ solo un dios tenían / lo invocaban/ lo suplicaban: El cúmulo de la virtualidad sedentaria se alcanza, según llevo desarrollando a lo largo de estos textos, con las divinidades antropmorfas (que es, según se dice, patrimionio exclusivo de las culturas arraigadas en la agricultura, y no de otras). Y es que las postulaciones soberanas, de parte de un colectivo, se erigen en instrumento en realidad especular frente al cual se va espesando la misma psique humana de siempre, pero matizada, amoldada, finalmente definida, por la exigencias del contexto sedentario: y así ante la divinidad antropomorfa el sujeto social como que se extrapola del todo de las circunstnacias físicas, para volver a nacer, como si dijéramos, dentro de un mundo antes que nada fisiosemiótico, si bien, amarrado aun por la fisiología opróbica individual y la posibilidad solo virtual -pero, aun así fisiológicamente real y visceralmente sentida- de la transgresión. Esto es, que ya no es necesario transgredir en ningún sentido corporal real (aunque siempre se puede, eso sí), sino que el mismo proceso de mortificación moral se puede efectuar respecto al individuo somatosenorio, dentro de un plano exclusivamente totémico que no precisa del mundo corporal de la misma manera que respecto de la vida más nómada. El desarrollo y advenimiento histórico de un despegue semiótico permite, efectivamente, la articulación de un mundo fisiológico-sensorio mucho más amplio porque permite que la experiencia sensorio-estética se articule, podríamos decir, sintácticamente, con lo que se abre la experiencia fisiológica a una sujeción finalmente conceptual.

¿Pero frente a qué hubiera podido surgir históricamente un proceso digamos de descorproeización que, no obstante, retiene una capacidad mortificadora estrictamente fisiológico-estética como una suerte de titilación moral que, no siendo exactamente física, no deja de ser con todo de lo más significativo -y serio, desde luego- para el individuo? Respuesta: la planicidad sedentaria que, para poder permanecer reforzándose en el tiempo, ha de poder vivificarse, según el patrón, por otra parte, asentado en, simplemente, la neurología humana base. Así, en un tiempo en que seguía aun susceptible la especie humana a la mayoría de las fuerzas de selección natural, deviene en recurso el estar somatosensorio nuestro y prerreflexivo respecto al problema de la vida progresivamente más fisicamente arraigada y sedentaria (evolución sociobiológica que luego la antropología agraria finalmente consolidada pararía más o menos en seco).

7...por todas partes están sus vestigios: Con este y los renglones que justo antes lo van precediendo, se constatan unos restos materiales como artefactos que remiten, en realidad, a un mundo metabólico de energía humana y los distintos contextos aludidos de su otrora viviente imposición. Pero no puede decirse que dichos objetos (los templos, sus vasijas de barro, las figuras, muñecos y brazaletes) representen un mundo directamente físico; es decir, que dicho plano corporal va sobreentendido, puesto que todo espacio fisiológico-metabólico humano, evidentemente, es posible solo a partir de los cuerpos vivos, mas como aquí parece entreverse, la vida «cultural» -la verdadera grandeza de estos Toltecas adorados- residía en algo así como el ámbito de sus anhelos, sus esfuerzos más artísticos, artesanales e intelectuales, todos ellos modos de imposición fisiosemiótica que dan por descontado, y que efectivamente relegan a la periferia estructural, lo corporal en sí. Pero, respecto la vida nómada, basada una sociofisiología de desplazamiento físico, más o menos constante, no solo no es posible tal asignación sedentaria de energía puramente, digamos, metabólica y fisiológica (más que física), sino que -crucialmente- no es tampoco necesario, o al menos no en el mismo grado ni en la misma medida.