La autarquía fisiológico-sensoria en la base antropológica nuestra

Reflexion estructural a partir de Polanyi yLa gran transformación(1944):

Puesto que lo racional es por definición a partir de lo fisiocorpóreo singular ante la obligación de la supervivencia solo colectiva, siempre tiene que haber una base estructural solo fisiocorpórea que, en el contexto estructural, supone una forma de opacidad respecto del ámbito sociorracional superior; esto es, la fisiocorporeidad ha de permanecer dentro de un espacio autárquico para que lo sociorracional pueda constituirse como el vector real que es de la supervivencia los grupos humanos. Entonces, si no se respecta esta zona estructural base y como fundamento base de todo lo que sobre él se erige sociorracionalmente, el sistema en sí entra en una forma de crisis estructural, puesto que los dos ámbitos diferentes se han diluido en uno solo. La experiencia de la Alemania Nazi es un ejemplo de esto en el que la fisiocorporiedad es vista como una suerte de profundidad que se quiere resucitar, pero anulando precisamente lo sociorracional (de la única manera que esto es efectivamente posible sometiendo la vida civilizada a un proceso espartano frente al enemigo exterior, lo que supone un arcaísmo estructural en el fondo nómada que correspondería, en realidad, a una etapa pre agrícola de la evolución fisioantropológica humana pero respecto de una fisiología que es todavía hoy innata en nosotros, puesto que la agricultura pudiera suponer el fin efectiva de la evolución humana, salvo frente a fuerzas más importantes de selección natural, como las epidemias.)

El paso (según Polanyi) de la sociedad mercantil a la del mercado también pudiera explicarse respecto del mismo problema de la disolución del espacio autárquico que supone -en lo estructural- la vida fisiológico-sensoria singular de cada uno de nosotros. Pues la vida inmediatamente física y de subsistencia fisiológica mínima no está en este sentido abierta a una racionalización colectiva desde lo estructural, sino que es la materia misma de esta sociorracionalización posterior, lo que supone una necesaria división que se ha de mantener entre ambas esferas de lo que es, en realidad, la individualidad antropológica. Pero argumenta Polanyi que la estabilidad de una economía de mercado está verdaderamente en una sociedad de mercado lo que hace necesario que se conviertan (ficticiamente) en mercancías el trabajo, la tierra y el dinero. Y como paso importante en este sentido está la necesidad de eliminar la autarquía que supone -estructuralmente- la vida íntima, físicamente inmediata y local, en el sentido que ésta tiene que estar sometido a las necesidades técnicas de lo que es en realidad el mercado más amplio -nacional e internacional- para mejor proteger finalmente las inversiones por parte del capital. Pero como aquí se constata, si se elimina la base estructural autárquica (que es esa zona por sí independiente por cuanto «caótica» y no homgeneizada aun), no tiene sentido la sociorracionalización posterior: y así, de esta manera se puede empezar a vislumbrar el problema de la razón humana, frente al poder de lo técnico, a lo largo de la historia sobre todo posterior al Renacimiento (que será después la Ilustración); problema que surge precisamente cuando lo técnico-racional se vuelve en contra de la naturaleza fisiológico-sensoria nuestra subyacente, que es aquello que en realidad fundamenta a aquél.

O diríamos en tal caso que el único sentido que tiene una sociorracionalidad que haya eliminado su propio fondo fisiocorpóreo, como ese espacio autárquico que require precisamente que se sociorracionalice, no puede ser sino de naturaleza exclusivamente técnica. Y esto ha sido una forma de, en realidad, soslayar el asunto más importante a la que vez más compleja, que es nada menos, quizás, que el sentido final de la antropología en sí.

 

La utilidad de la ficción de la mercancía según Polanyi

“El punto fundamental es el siguiente: trabajo, tierra y dinero son componentes esenciales de la industria; dichos componentes deben de estar también organizados en mercados; estos mercados forman en realidad una parte absolutamente fundamental del sistema económico. Es evidente, no obstante, que trabajo, tierra y dinero no son mercancías, en el sentido de que, en lo que a estos tres elementos se refiere,el postulado según el cual todo lo que se compra y se vende debe de haber sido producido para la venta, es manifiestamente falso…”

“… Ninguno de estos tres elementos -trabajo, tierra y dinero- han sido producidos para la venta, por lo que es totalmente ficticio describirlos como mercancías.”

“…Esta ficción, sin embargo, permite organizar en la realidad los mercados de trabajo, de tierra y de capital 3. Estos son de hecho comprados y vendidos en el mercado, y su oferta y demanda poseen magnitudes reales hasta el punto de que, cualquier medida, cualquier política que impidiese la formación de estos mercados, pondría ipso facto en peligro la autorregulación del sistema. La ficción de la mercancía proporciona por consiguiente un principio de organización de importancia vital que concierne al conjunto de la sociedad y que afecta a casi todas sus instituciones del modo más diverso. Este principio obliga a prohibir cualquier disposición o comportamiento que pueda obstaculizar el funcionamiento efectivo del mecanismo del mercado, construido sobre la ficción de la mercancía.” (Citas extraídas de La gran transformación, Cáp. 6)

 

 

Logical Dead-Ends:

Todo tipo de contexto en el que todo aserto que se hace respecto de la realidad -o al menos los más básicos en sentido operativo- no pueden contradecirse; es decir, son asertos que se mantienen operativamente con el fin (para nostros inadvertido, eso sí) de poder hacer razonamientos posteriores precisamente porque no pueden refutarse y no porque sean verdaderos. Todo aserto que no puede refutarse puede ser util, por tanto, para construir lógicas causales a partir de ellos que sí son al menos FORMALMENTE ciertos, aunque el aserto original no es que sea cierto, sino solo que no puede refutarse.  RELACIONADO CON ESTO está la noción de una fuerza contraria animada de forma independiente (un toro, por ejemplo) frente a la cual se pueden postular otras lógicas⁄reglas de tal forma que es el carácter “insondable” de la fuerza sobre la que no tenemos control lo que nos permite lanzarnos en nuestra propia afirmación existencial, que es tal porque adquiere una forma de sentido en precisamente el conflicto y la pugna frente a otro, como una especie de frontón que en su independencia nos sirve de plataforma a nuestro propio ser como imposición, y que contiene un sentido necesariamente fuera de y frente a, nosotros. Pero, como fácilmente se ve, muchas veces somos nosotros quienes acabamos por instrumentalizar la fuerza «insondable» (o al menos imposible de comprobar) en toda su grandiosa independencia -que en realidad no es tal- a modo de una raqueta de tenis o juguete cualquiera, para nuestra propia vigorizada satisfacción.

Este contexto en el que los seres humanos logramos una suerte de horizonte fisiológica, en contra en cierta manera de los limites de la antropología agrícola-sedentaria, también puede concebirse como una forma de atrezzo respecto de un elemento que, por su carácter opaco y fijado, nos sostiene articulando al menos la posibilidad de nuestra propia experiencia fisiológico-metabólica vigorizada.

 

Explíquese en este sentido el hecho de que Tom Hanks NO abra el paquete de Fed Ex con el dibujo pintado de la figura angélica de alas -en Náufrago(2000)- y que será después la herramienta concreta de su propia «espiritualidad» en el cautiverio particular que sufre:

Parece indicar que son imprescindibles los límites para nuestra propia definición; que en nuestra frustración con lo que no podemos directamente controlar, podemos de hecho afirmarnos fisiológicamente como si dentro de un contexto sostenido -verdaderamente en suspension– se tratara y que de lo contrario lo arrasaríamos en el ímpetu nuestro simplemente vital y no obstaculizado. Y ello parece sugerir que nuestra esencia física puede, una vez sostenida de esta forma dentro de unos limites reales, ya proyectarse entonces fisiológicamente por encima en realidad de esas mismas circunstancias solo físicas, solo espacial-materiales. También parece apuntar a que no soportamos el encierro de ese mismo espacio solo físico-material.

Que precisamente por medio de la fisiología arrumbamos en cierto sentido la limitación física, aunque es ésta como fuerza que nos define, lo que permite la estabilidad necesaria para poder remontarla en lo fisiológico-sensorial. Y, precisamente en nuestra capacidad fisiosensorial de remontar la desnuda realidad solo material, la paradoja que parecería la unicidad del grupo humano, empero compuesto de multiples cuerpos singulares, no lo es tanto.

 

El significado de la experiencia fisiológico-sensoria no codificada culturalmente:

  1. La experiencia sensorial significa por sí mismo (Por ejemplo: ¿Qué significa el verde por cuanto color? Son los grupos humanos y sus sociorracionalidades que luego encasillan esa experiencia sensorial y fisiocognitiva según paradigmas semánticos ya disponibles culturalmente (el color verde frente rojo y el azul; o “green” frente a “red” y “blue”, etc.))
  2. Pero la experiencia sensorial que implica espacialmente a otro ser animado que, además, entre en conflicto con nosotros respecto de ese mismo espacio material-físico, es necesariamente una forma de sentido aun más complejo al mismo tiempo que del más básico, pues su carácter de contingencia impone una urgencia sobre la experiencia fisiológica que se puede formular como una interpretación después, pero que no es necesario puesto que el significado es espacialmente evidente para las partes implicadas, y respecto simplemente la consecuencias corporales.
  3. De tal manera que se puede decir que el sentido de las cosas no empieza sino en la alteridad, esto es, en el otro que supone paradójicamente el comienzo de uno mismo en cuanto ser, sujeto y personalidad social propia, puesto que antes de llegar fuera de uno mismo y al otro, uno no tiene necesidad de su propia personalidad social (ni moral y ni siquiera (socio)racional), sino que uno puede subsistir en su pura sensorialidad sin miramiento alguno respecto de cualquier realidad más allá de la simple efervescencia de los sentidos fisiológico-corporales.
  4. Evidentemente, la supervivencia humana como especie se ha dado precisamente respecto la relación entre esta suerte de solipsismo fisiológico-sensorial en la que transcurre nuestra conciencia individual, y la alteridad sobre todo grupal; y concretamente, ha sido la realidad del grupo la que ha llegado a adueñarse de la fisiocorporeidad individual como artimaña maestra (por su evidente simplicidad) de reforzar la existencia del grupo mediante la sustancia fisiológico-sensoria de los individuos y su ejercicio vigorizado.

 

 

 

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