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Punto 26 Cuando por razones energéticas agregadas mengua el ímpetu vital inherente a la cultura que por sí misma ya no se impone como antes, será necesario crear episodios de gran azoro y zozobra con el fin de seguir sosteniendo límbicamente la viabilidad sedentaria con el fin último de que la cotidianeidad cortical colectiva, respecto universalmente cualquier marco socio-homeostático cultural, sea soportable para los propios habitantes físicos; para electrizarles de alguna manera en el albor de una nueva quietud que, acto seguido de cualquier alteración significativa, se vuelve a abrir (porque clave aquí en este asunto es la continuidad humana en su vertiente macroeconómica y, mientras dure, la consumista; y de esto último conviene no olvidarse nunca).
Punto 27 La homosexualidad puede entenderse antropológicamente como una bomba de calor estructural, pues estamos todos límbicamente imbricados en lo más hondo con el asunto, tanto en nuestros propios impulsos como susceptibles a su poder diferenciador; una posibilidad de diferenciación que sostiene también en lo más hondo la psique humana y de la que las culturas tienen que echar mano, sobre todo las más sedentarias, para proporcionar vivencias límbicas intensas –aunque no directamente cruentas—para poder ser seguir suportando todos nosotros la planicidad existencial que ocupan nuestros cuerpos y que tan esencial es para la cultura financiara contemporánea (porque es el mercado, amigo, la prioridad última en este asunto y su continuidad el tiempo).
Punto 28 Servirse la cultura de un plano límbico en el decurso de cualquier generación aboca a la creación de cauces metabólicos con los que estamos electroneuroquímicamente imbricados, para que, como sujetos homeostáticos ya socializados, hayamos de afanarnos en uno u otro sentido, parar abrazar, rehuir o intentar sobrellevar de una u otra manera, el accidente de nuestra propia configuración memorística individual e íntima, lo que a nivel agregado estructural supone alcanzar (en tiempos normales) cierta estabilidad a través de la proyección de múltiples individuos en la tarea de ser ellos mismos una y otra vez frente a los demás y a medida que vayamos entrando en la madurez. Pues debido a la bipartición de nuestra cognición (de lo límbico a lo cortical como bucle incesante) el quehacer de sociohomeostático de ser tú mismo o misma tampoco parece dar tregua. Pero gracias, por ejemplo, al sexo en general, junto con el psíquicamente potente el qué dirán, el periplo y gran aventura sedentaria de ser uno mismo, un día sí y otro también, es de lo más titilante y, finalmente, de lo más serio (o así parece que lo vivenciamos y pese a una extraña calidad de oquedad o vacío que también reviste el yo como constructo cultural).
Punto 29 Respecto la individualidad psíquica, la fuerza límbica quizá más importante (¡y feroz!) es la de la pertenencia homeostática del individuo a su propio grupo antropológico; pero esto no como idea racional que el individuo comprenda y porte consigo pudiendo explicarla, sino como ímpetu visceral y una ciega (por preconsciente) voluntad fisiológica a la vida misma, pues el quedarse defenestrado o defenestrada de nuestro propio grupo cultural (de “los nuestros”) evolutivamente suponía el fin físico del individuo; y también de un poder homeostático sobre el individuo límbico prácticamente absoluto debido probablemente a que se trata sobre todo de una imagen mental de nuestro propio autorreflejo social frente a los nuestros (es decir, como una operatividad veloz y decisoria por consistir en una experiencia “neuro-estética” sobre la que solo después podemos acaso reflexionar). Cualquier propuesta de rección límbica de los marcos antropológicos terrestres históricos ha de partir necesariamente de este punto nexo entre el individuo y los grupos culturales identitarios.
Punto 30 El fondo límbico universal de los marcos antropológicos y su imaginaría varonil de efecto homeostático decisorio para nuestros organismos, obliga a las sociedades humanas al empeño permanente de una resistencia y contrafuerza corticales (es decir culturalmente razonadas) en pos de proteger o compensar de alguna manera la maltrecha figura femenina (pues el dolor, si bien es otro «motor» cultural, los marcos sedentarios agrourbanos no lo toleran así como así y puertas a dentro del propio grupo cultural). De modo que, como respecto a otros muchos puntos estructurales, se establece cierto equilibro «complejo» entre un plano cultural que en realidad se fundamenta en su resistencia, hasta cierto punto, a nuestra propia configuración socio-límbica como individuos psíquicos. Y eso, en rigor, mucho antes de la existencia del feminismo histórico propiamente dicho, pues se trataría de algo inherente a la antropología sedentaria y respecto al sustrato límbico humano sobre el que se asienta en el tiempo histórico (si bien gracias en parte el feminismo sabemos que el patriarcado es un problema desde un punto de vista ya científico).
Punto 31 Entendemos que tiene mucha importancia (digamos terapéutica) abordar la epistemología como fundamentalmente una exigencia estructural que imponen los marcos antropológicos sedentarios: porque la intersubjetividad cultural necesita una salida cortical continuada; para que la violencia como imposición humana pueda así trasladarse de lo corporal a un ámbito puramente metabólico (y por tanto inicialmente incruento), y porque de esta manera la fisiología socio-homeostática humana originalmente nómada se acomoda más fácilmente a una inmovilidad existencial colectiva no autóctona….Pero es asimismo importante este particular acercamiento estructural debido principalmente a la vacuidad que subyace a la mecánica emergente de los grupos humanos y su fáctica constitución histórica por medio la cognición individual (¡de ahí su asombrosa maleabilidad en el tiempo generacional de la especie que, espoleada por lo vacuo de cada una de las partes, busca rellenarse a través de su relación con el otro!); una importancia de la insustancial como gran baza evolutiva y a la que la funcionalidad cultural no tiene más remedio que enfrentarse por medio de una utilitaria comprensión moral-racional de nosotros mismos y todo lo que sea virtuoso; si bien la cultura –la civilización- jamás puede aceptar esta calidad quimérica porque sitial de sí misma y de la verdad, de toda verdad salvo la estrictamente técnica.
(¡A seguir callándonosla pues!)
Punto 32 Somos sujetos homeostáticos dependientes, en realidad, de dinámicas solo correlativas y no total ni siquiera firmemente causales (pues la intersubjetividad se pretende y se pretexta racional y coherente, mientras que su función técnica real es el sostenimiento simplemente sociohomeostático en un tiempo colectivo y generacional cualquiera). Pero es asimismo hecho patente que nuestra percepción de una causalidad como orden en las cosas nos reconforta sobremanera, pues el discernimiento en este sentido constituye una fuerte recreación límbica de nuestra pertenencia al grupo y el renovado porqué mismo de nuestras propia psique socializada…Por eso la gestión de los marcos antropológicos terrestres, y respecto de cualquier dirección proyectada que se pretenda sobre los mismos, ha de revistarse de unas lógicas mínimas que efectivamente puedan entenderse desde la óptica del usuario homeostático; lógicas de causa y efecto que han de percibirse como tales, si bien su sustancia causal real corresponde a otro plano mayor, respecto a otros objetivos y metas sistémicos que se extrapolan por completo de horizonte vital solo homeostático. El gestor antropológico, por tanto, ha de entenderse, entre otras cosas, como gran proveedor de lógicas causales como parte de un alimento homeostático en tanto servicio sostenedor brindado (lógicas cuya importancia reside en su uso correlativo y no en la calidad empírica real de las mismas)
Punto 33 Los sujetos homeostáticos participan de su propio tiempo generacional por medio de cauces semióticos que se les han de ofrecer (ideas, lógicas, ejemplaridades, etc.), para que se valgan de ello en su propia ejercicio límbico-cortical, como eje psíquico individual y en la gran aventura sedentaria que es el forjar y acarrear cada uno con su propio yo moral. Por analogía con la imagen de un escritor que en su quehacer abre mundos metabólicos gozosos a sus potencialmente ilimitados lectores, el espacio público cultural entendido en su mayor extensión constituye también una delimitación similar respecto de un gran marco neuroquímico creado por un número reducido de figuras públicas que se guioniza en última instancia, sin embargo, a favor de los grandes agregados demográficos en el tiempo metabólico de una sucesiva generación. Hace aquí bien, pues, el autor que juega con la duda de que si, a su vez, tendría posiblemente por encima su propio autor/guionista, lo que no tendría por qué implicar necesariamente ningún menoscabo para él, es decir, el autor de menor jerarquía estructural, pues una vez entendido el fin último mayor estructural y agregado, el quejarse seriamente en este sentido solo se entendería como desquite fisiológico (y como tal muy justificado de vez en cuando sin duda)…Más interesante sería que, extrapolando la analogía a una realidad político-económica mayor, otras personas públicas cuestionasen su propia función guionizada y de cara a esos mismos agregados demográficos-metabólicos a los que en realidad sirven pese a todo y aunque sea como fuerza revulsiva de alguna forma del mal (quiero decir que también nos beneficia y frente a la que nos hemos de seguir definiendo como los sujetos morales que entendemos que seguimos siendo). ¿Qué otro sentido podría tener la figura de un Elon Musk, Zuckerberg, Trump, et al. si no? (Y de gran valor psicológico es que las cosas tengan sentido, amigo; pero tú mismo/a)
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